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El sector y especialidad de plagas agrícolas es una rama de la agronomía que se enfoca en la identificación, manejo y control de organismos que afectan negativamente los cultivos. Estos organismos pueden ser insectos, ácaros, nematodos y otros animales como aves y roedores.
El objetivo principal de esta especialidad es minimizar el daño económico y de calidad a los cultivos, asegurando la producción de alimentos seguros y de alta calidad, así como la sostenibilidad ambiental y cuidado por el medioambiente.
Entre los aspectos clave de la especialidad de plagas agrícolas se encuentran la identificación de las plagas como insectos y ácaros que pueden causar daño directo al alimentarse de las plantas o daño indirecto como vectores de enfermedades. Algunos ejemplos comunes son los pulgones, mosca blanca y araña roja.
También se encuentran los nematodos, pequeños gusanos que atacan las raíces, impidiendo la absorción de nutrientes.
En este contexto, es muy importante el diagnóstico y monitoreo. Con las técnicas de muestreo sistemáticas se puede evaluar la presencia y densidad de plagas. Y mediante el uso de trampas de feromonas, trampas de luz y sensores, se puede monitorear la actividad y población de plagas y con ello determinar el la técnica y momento de actuación para eliminarla o minimizar sus efectos.
Los agricultores disponen de diferentes estrategias de manejo de plagas, eligiendo aquella que mejor se ajusta a su política de gestión de su cultivo.
Entre ellas, el control cultural. Se trata de prácticas agrícolas como la rotación de cultivos, plantación de cultivos trampa y manejo del suelo para reducir la incidencia de plagas.
Otra es el control biológico, también conocido como biocontrol, que consiste en el uso de enemigos naturales como depredadores, parasitoides y patógenos para controlar las poblaciones de plagas.
El control químico, sometido cada día más a controles para su utilización, consiste en la aplicación de pesticidas y otros productos químicos de manera responsable y sostenible. Esto incluye la rotación de productos químicos para prevenir la resistencia.
También está la del control físico y mecánico. Métodos como la eliminación manual de plagas, el uso de barreras físicas y el control de la temperatura son prácticas incluidas en esta modalidad. Y el control integrado de plagas (MIP), basado en un enfoque holístico que combina múltiples estrategias para un manejo efectivo y sostenible de plagas.
En todo ello, siempre se debe tener presente la evaluación del impacto ambiental y la seguridad de los métodos de control de plagas. Y para ello está el cumplimiento de las normativas locales e internacionales sobre el uso de fitosanitarios y otros métodos de control.
La gestión adecuada de plagas es crucial para asegurar la producción continua y estable de cultivos, proveer alimentos suficientes y seguros para la población, reducir las pérdidas económicas debidas a daños de plagas y minimizar el uso de pesticidas para proteger la biodiversidad y los ecosistemas.
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